La mejor solución para cualquier enfermedad en general es la prevención. Siempre el tratamiento de una determinada dolencia y sus secuelas es más complicado que evitarlas. Este concepto ha funcionado cabalmente en las enfermedades infecciosas y se ha aplicado a las enfermedades cardiovasculares, existiendo actualmente numerosos estudios exitosos de prevención primaria y secundaria de enfermedad coronaria e incluso de hipertensión arterial (HTA). El VI Reporte del Comité Nacional Conjunto (JNC) de prevención, detección, evaluación y tratamiento de HTA de los Estados Unidos de Norteamérica otorga notable importancia al manejo no farmacológico, asignándole 4 de las 9 opciones de tratamiento en pacientes con HTA. Esta determinación se fundamenta en una serie de ensayos empleando modificaciones del estilo de vida (dieta, ejercicio, etc,) que demostraron efectividad para disminuir la presión arterial (PA.), la mortalidad y el compromiso de órganos blanco. Algunos de estos estudios comprobaron adicionalmente que este enfoque terapéutico reduce la PA inclusive en pacientes con valores normales altos, siendo este último hallazgo la base para elaborar una estrategia preventiva de la HTA. Para abordar el tema de la Prevención de HTA y la modificación del estilo de vida como medida terapéutica se revisará la literatura disponible, aplicando y adaptando la información a la realidad de nuestro medio.

La restricción de sodio (Na) es la segunda medida más efectiva de estas modalidades terapéuticas, aunque se requiere de al menos 5 semanas para observar su efecto. Los ancianos responden mejor a esta medida, probablemente porque su HTA depende más del volumen debido a sus niveles bajos de renina. Se debe administrar sólo 100 mmol de sodio por día en la dieta – lo cual equivale a 2.4 gr de sodio ó 6 gr de sal – para obtener efecto sobre la PA

Las dietas con alto contenido de potasio (K) pueden prevenir el desarrollo de HTA y mejorar el control de la PA en pacientes hipertensos. Incluso se ha reportado que un incremento en la ingesta de potasio de 10 mmol/día se asoció con una reducción de 40 % de la mortalidad por accidente cerebrovascular.  Se cree que el beneficio de una dieta baja en Na se debe al aumento del contenido de potasio de ésta, aunque el mecanismo más aceptado es la producción de natriuresis. No se recomienda el uso rutinario de suplementos de K o de sustitutos de sal común por sal potásica, sino cambiar los alimentos procesados con alto contenido de Na y bajo de K por los alimentos naturales bajos en sodio y altos en potasio.

Hay evidencias de estudios realizados que la ingestión elevada de magnesio (Mg) disminuye la PA, pero esto no ha sido demostrado en estudios controlados en humanos. Al momento no está indicado el suplemento de Mg para el tratamiento de HTA y sólo se recomienda mantener un nivel adecuado en la dieta.

Se ha observado que al fumar cada cigarrillo se produce una elevación significativa de la PA. Por ello aquellos que continúan fumando no reciben la protección completa de la terapia antihipertensiva y estarían más expuestos a presentar síndromes coronarios agudos o ACV. Por ello la suspensión del tabaco es una medida necesaria para el mejor control de la PA.

La ingesta excesiva de alcohol -más de 1 a 2 onzas de etanol por día- está asociada a una prevalencia incrementada de HTA y se ha demostrado que provoca resistencia a la terapia antihipertensiva y aumenta el riesgo de ACV. Se recomienda no excederse de los límites antes mencionados, los que equivalen a  720 ml de cerveza, 300 ml de vino o 60 ml de whisky. Las mujeres y las personas delgadas deben reducir estos límites a la mitad, por la mayor absorción de alcohol y la mayor suceptibilidad a sus efectos que los caracteriza.

 

Drago J.. (1997). PREVENCIÓN DE HIPERTENSIÓN ARTERIAL MODIFICACIÓN DEL ESTILO DE VIDA. 12 marzo, 2019, de Rev. Perú Cardiologia Sitio web: http://sisbib.unmsm.edu.pe/bvrevistas/cardiologia/v23_n3/prevencion_harterial.htm